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20-11-2019
Internacional

Líderes subnacionales buscan mantener la promesa climática de Estados Unidos

Líderes subnacionales buscan mantener la promesa climática de Estados Unidos

A pesar de que Donald Trump inició el proceso de la retirada formal del Acuerdo Climático de París, cientos de ciudades, estados y empresas prometen cumplir los objetivos asumidos por la administración de Obama en 2015.

Marcando la última abdicación de sus obligaciones multilaterales globales, el lunes 4 de noviembre, Donald Trump inició el proceso de la retirada formal de Estados Unidos del Acuerdo Climático de París. "El enfoque de los Estados Unidos incorpora la realidad de la combinación energética global y utiliza todas las fuentes y tecnologías energéticas de manera limpia y eficiente, incluidos los combustibles fósiles, la energía nuclear y las energías renovables", expresó el Secretario de Estado, Mike Pompeo, en Twitter y emitió un comunicado diciendo que el pacto impondría cargas intolerables para la economía norteamericana.

 "El enfoque de los Estados Unidos incorpora la realidad de la combinación energética global y utiliza todas las fuentes y tecnologías energéticas de manera limpia y eficiente, incluidos los combustibles fósiles, la energía nuclear y las energías renovables", expresó el Secretario de Estado, Mike Pompeo.

Aunque su participación en el tratado estará determinada en última instancia por el resultado de las elecciones de 2020, el resto de los socios del pacto tiene que trazar un camino a seguir sin la cooperación de la economía más grande del mundo. Hacer que funcione requerirá que otros contaminadores importantes como China e India den un paso adelante.

¿Cómo sigue el proceso de salida?

La medida del 4 de noviembre marcó el primer paso en el proceso de retirada de un año: la salida de Estados Unidos no será oficial hasta el 4 de noviembre de 2020. La fecha cae un día después de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020, donde el cambio climático será un tema central. Si Trump pierde, un nuevo presidente podría reincorporarse al acuerdo, pero tendría que presentar nuevos compromisos climáticos ante la ONU. Sin embargo, incluso si Estados Unidos elige a un demócrata en 2020, el reingreso no necesariamente será fácil.

El Acuerdo de París es el segundo pacto mundial sobre cambio climático al que Estados Unidos se unió bajo un demócrata y abandonó bajo un republicano: George W. Bush retiró a Estados Unidos del Protocolo de Kyoto de 1997. "Estados Unidos ha cancelado en muchos casos como socio. Simplemente no puedes contar con ellos", disparó Jonathan Pershing, ex Enviado Especial del Departamento de Estado para el Cambio Climático durante la administración de Obama.

Las implicaciones serán de largo alcance. Y es que si bien el gigante americano lleva el título de mayor contribuyente histórico de emisiones de gases de efecto invernadero, también lideró al mundo en la reducción de emisiones de dióxido de carbono entre 2005 y 2017. Sus emisiones domésticas disminuyeron en 758 millones de toneladas métricas en ese período, poco menos que las 770 millones de toneladas métricas de toda la Unión Europea.

Pero a pesar de la decisión del presidente de retirarse, el país no ha abandonado por completo el histórico acuerdo internacional. Cuando Trump anunció su intención de hacerlo hace dos años, sin darse cuenta catalizó una ola de acción climática entre ciudades, estados, empresas y otras organizaciones que siguen comprometidas con la reducción de las emisiones de carbono para ayudar al mundo a evitar los peores efectos del calentamiento global.

En este contexto, el liderazgo de estos actores subnacionales tiene más vigencia que nunca. Conscientes de esto, más de 400 líderes municipales se sumaron a la asociación Climate Mayors, y 25 estados y territorios se unieron a la U.S. Climate Alliance. Ambas organizaciones han prometido cumplir el compromiso asumido por el país en el convenio climático. En la misma línea, muchos gobiernos de ciudades, condados, estados y tribus firmaron la declaración We Are Still In, al igual que más de 2.200 empresas e inversores, 350 universidades y 200 grupos religiosos.

Las coaliciones estadounidenses comprometidas con el Acuerdo representan casi el 70% del PBI, alrededor del 65% de la población y el 37% de sus emisiones de gases de efecto invernadero. Si fueran su propio país, serían el tercer emisor más grande del mundo.

Junto a otras coaliciones comprometidas con el Acuerdo, representan casi el 70% del PBI, alrededor del 65% de la población y el 37% de sus emisiones de gases de efecto invernadero. De hecho, si esta colección de gobiernos y organizaciones fuera su propio país, serían el tercer emisor más grande del mundo. Pero la pregunta es: ¿Cuánto pueden hacer para combatir el cambio climático en ausencia de un liderazgo federal?

Puede que mucho. De acuerdo al análisis de 2018 Fulfilling America’s Pledge, los compromisos existentes de estos jugadores podrían alcanzar dos tercios de las reducciones de emisiones prometidas por Estados Unidos. Y una participación más amplia de la mano de medidas adicionales, como la retirada rápida de las centrales eléctricas de carbón, podrían acercar esa cifra al 90%.

Bajo la administración de Obama, la potencia se había propuesto emisiones de 26% a 28% por debajo de los niveles de 2005 para 2025. El país ya está casi a mitad de la meta, aunque las emisiones aumentaron en 2018 por primera vez en tres años. Para abordar la otra mitad, todos los ojos están puestos en los actores locales.

“Las ciudades, los estados y las empresas no han tenido un lugar formal en la mesa de negociaciones, pero el Acuerdo de París tuvo éxito en gran parte porque se escucharon sus voces y nos mantendrán avanzando hasta que tengamos un presidente que confronte la crisis del clima y priorice la salud y seguridad del público ", expresó Michael Bloomberg, ex alcalde de la ciudad de Nueva York.

Como reflejo de este espíritu, alcaldes, gobernadores, directores ejecutivos y líderes ambientales tendrán un "U.S. Climate Action Center” en la próxima ronda de negociaciones climáticas para asumir el papel que habría jugado la delegación estadounidense. “Las ciudades, los estados y las empresas no han tenido un lugar formal en la mesa de negociaciones, pero el Acuerdo de París tuvo éxito en gran parte porque se escucharon sus voces y nos mantendrán avanzando hasta que tengamos un presidente que confronte la crisis del clima y priorice la salud y seguridad del público ", expresó Michael Bloomberg, ex alcalde de la ciudad de Nueva York y Fundador de America's Pledge.

Así, compromisos de toda la economía van en aumento. En el último año, por ejemplo, nueve estados adoptaron nuevos objetivos de reducción de GEI, mientras que California y Nueva York siguieron el ejemplo de Hawai en adoptar una meta estatal de neutralidad de carbono para 2050 o antes. En paralelo, 61 empresas estadounidenses con una capitalización de mercado de más de USD 1.7 trillones y más de 1.5 millones de empleados se comprometieron a largo plazo en la plataforma We Mean Business Take Action.

Más allá del CO2, los supercontaminantes climáticos de corta duración recibieron mucha atención.  En este sentido, Washington y Vermont aprobaron una legislación que eliminará gradualmente las emisiones de hidrofluorocarbono (HFC), que son miles de veces más potentes y perjudiciales para nuestra salud y el medio ambiente que el CO2. Nueva York, Maryland, Connecticut y Delaware anunciaron su intención de adoptar reglas similares.

¿Cómo queda el tablero de ajedrez?

En todo el mundo, un cambio en la estrategia diplomática ha comenzado. China, el actual mayor emisor de contaminantes que calienta el planeta, ha hecho importantes promesas, pero su capacidad de entrega aún está en duda. Según las normas de las Naciones Unidas, China e India se consideran países en desarrollo y no están obligados a frenar sus emisiones. En cuanto a Europa -que está dividida sobre cuánto reducir el poder del carbón-, puede no tener la influencia para ganar nuevas concesiones .

Algunas naciones están considerando medidas más punitivas. Este año, Francia y Alemania, por ejemplo, propusieron un impuesto europeo al carbono para imponer a los países con políticas de protección climática menos estrictas. Un impuesto europeo sobre los bienes importados de los Estados Unidos seguramente exacerbaría las tensiones comerciales, pero el viejo continente viene hablando sobre ese impuesto desde hace años y, hasta ahora, no lo ha cumplido.

Estos líderes también se mueven en masa hacia una energía 100% limpia. En esta línea, en 2019, más de 30 ciudades adoptaron objetivos 100% green, elevando el total nacional a más de 130, incluida la Ciudad de Los Ángeles, el mayor municipio del país. De modo similar, 62 compañías, entre las que figuran varias Fortune 500, se sumaron a 

RE100. Nombres como Apple, Johnson & Johnson, Bank of America, Starbucks y Wal-Mart Stores forman parte de esta red que tiene una capitalización de mercado de más de USD 7.8 billones.

Otra apuesta fuerte apunta a la movilidad urbana sustentable, donde lo eléctrico pisa fuerte. Entre los mayores hitos de este último año, 157 ciudades, condados y otras entidades públicas forman parte de la Electric Vehicle Purchasing Collaborative de Climate Mayors y se han comprometido a comprar más de 2300 vehículos eléctricos. Mientras, 24 gobernadores y 430 Alcaldes del Clima -que representan más de la mitad de las ventas nacionales de vehículos- se unieron para exigir un estándar fuerte y nacional de automóviles limpios, continuar con acciones concretas adicionales y hacer el cambio a electricidad.

En lo que hace a la construcción, nuevas políticas de eficiencia se tradujeron en ahorro de costos de energías para toda la sociedad. Colorado, Hawái, Washington y Nevada, por ejemplo, adoptaron estándares de eficiencia de electrodomésticos que significarán un ahorro para los consumidores de más de USD 3.000 millones para 2035.

Para estos jugadores, lo ambiental viene de la mano de lo social y llevan adelante diversos programas articulados que apoyan la calidad del trabajo y la capacitación de la fuerza laboral en reconocimiento de que una economía verdaderamente sostenible también requiere inversión en trabajos de alta calidad y apoyo familiar en las muchas industrias involucradas en una economía baja en carbono. De este modo, California está invirtiendo USD 35 millones al año en una iniciativa de High Road Training Partnership que respalda no solo la creación de empleos de calidad, sino también un acceso mejor y más equitativo a ellos.

Todas estas acciones están impulsando algunos de los cambios más concretos a nivel mundial y reivindican a sus protagonistas como pioneros. Así, el desafío será idear y fortalecer formas de convertir todas esas promesas en un sistema que pueda generar un verdadero impacto en las emisiones globales.


 

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